NUESTRA HISTORIA (BY ANA ROJAS).
"Es necesario conocer la historia para comprender el presente y construir el futuro".
En el IES Marismas no había coordinador de interculturalidad. Y no había coordinador porque no había alumnos extranjeros. Ni uno. O eso creíamos.
Hasta que llegó Darya. Bielorrusa. 3ºESO. Ni papa de español.
Pues alguien tendrá que enseñarle español.
-Tú misma. Toma, el teléfono del ADI.
-¿Del qué?
-Del Aula de Dinamización Intercultural. Son unas chicas que aconsejan a los coordinadores de interculturalidad. Allí te dirán qué hacer.
Llamo. Primera reunión.
-¿Cuántos alumnos?
-Sólo Darya.
-Eso es imposible. Tendréis más y no los sabéis. Forma equipo, 3 o 4 personas. Que te ayuden a detectar alumnos y a atenderlos.
-Si sólo está Darya.
-Seguro que hay más.
-Y pide horas. Las 9.
-No me lo van a dar. Sólo tenemos a Darya.
-Seguro que hay más.
No sé cómo ni por qué les hice caso. Pedí equipo, pedí horas.
-No se puede.
Se pudo. Equipo. 5 personas. Investigamos. Salieron veintitantos niños que entrevistar. Había que indagar si necesitaban acompañamiento o no, si venían de otro sistema educativo o no. De repente, éramos muchos ojos fijándonos en todos, en si su familia venía de otro país, en cuándo había llegado, de qué país, cómo, qué idioma, cómo, qué idioma, cultura o religión vivían en casa...En si habían hecho de este su sitio o aún no.
Treinta y tantos, y subiendo.
Aquel curso aprendimos mucho.
Aprendimos que sólo se ven casos llamativos, pero hay muchos más, que si hay muchos alumnos, aunque en una lista de alumnos no figuren nombres extranjeros.
Aprendimos que es una labor de todos. Por eso es necesario un equipo que lo recuerde en cada tutoría, en cada clase, en cada reunión docente (en las evaluaciones detectábamos muchos casos). Que nos recuerde que entre todos se ve antes y se actúa mejor.
Aprendimos que lo prioritario es lo social. Que hagan un amigo (o muchos) allana el camino, les ayuda y les motiva. Lo académico viene después. Porque sólo estando bien, uno tiene la cabeza para otras cosas.
Aprendimos que todo empieza con un cambio en la mirada. Eso lo es todo. Porque sólo vemos aquello en lo que reparamos. Y es de justicia reparar a aquellos a los que la vida les ha empujado a estar en un sitio diferente al que enraizaron, que emprenden una nueva vida con la esperanza de que aquí vaya mejor, pero que, sin darse cuenta, se agazapan para intentar que no se les vea diferentes, porque el miedo a no encajar empequeñece. Mirarlos, sonreírles y tenderles la mano. Decirles: "Ven, que te acompaño".
Aprendimos que el camino a la integración, en el mejor de los casos, lleva dos años. ¿Por qué? Porque hay mucho que hacer. Hay que oír cada palabra del nuevo idioma una media de 82 veces para entenderla bien y empezar a usarla con soltura (o al menos, eso dicen los expertos). Hay que socializar, tener amigos, que te lleven a tomar café, a comprar cualquier cosa, al cine, a dar una vuelta, ...Hay que moverse en muchos contextos para que nuestra cabeza entienda el nuevo mundo, lo asimile y construyamos con ambos una nueva identidad, la nuestra. Hay que entender la escuela, las amistades, las costumbres, las palabras, la vida y eso lleva tiempo. Esfuerzo. Un largo camino, que es mucho más fácil cuando no se hace solo.
Y sobre todo aprendimos que necesitamos la interculturalidad. En cada centro, en cada aula, pero sobre todo en cada mirada.




Comentarios
Publicar un comentario